martes, 12 de febrero de 2008

Oliverio Girondo


Gran poeta argentino (1891-1967) nacido en el seno de una familia adinerada que le procuró una educación elitista en Europa. Estudió Derecho, pero muy pronto, a raíz de sus contactos con poetas de la vanguardia europea, y de sus innumerables viajes por el mundo, publicó en 1922 su primer libro: Veinte poemas para ser leídos en el tranvía. En éste, ya es perceptible el talento con que Girondo encuentra imágenes tan violentas como eficaces vinculadas con el moviento pictórico del fauvismo. Publica años después Espantapájaros: un volumen de poemas en prosa en que se entretejen el humor, la imaginación y el genio verbal del poeta. Pero la aventura vanguardista de Girondo -una de las más radicales de la poesía en español- culmina en su obra final: «En la masmédula» (1954). La estética se aboca entonces a la "mezcla" lúdica de los vocablos hasta crear un nuevo lenguaje rico en sugerencias. Es un regreso al origen del lenguaje -como el Altazor de Huidobro-. Como él, como Vallejo, Girondo es un explorador a ultranza del lenguaje y un mago.



DICOTOMÍA INCRUENTA


Siempre llega mi mano
más tarde que otra mano que se mezcla a la mía y forman una mano. Cuando voy a sentarme advierto que mi cuerpo se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse adonde yo me siento. Y en el preciso instante de entrar en una casa, descubro que ya estaba antes de haber llegado. Por eso es muy posible que no asista a mi entierro, y que mientras me rieguen de lugares comunes, ya me encuentre en la tumba, vestido de esqueleto, bostezando los tópicos y los llantos fingidos.



EJECUTORIA DEL MIASMA


Este clima de asfixia que impregna los pulmones
de una anhelante angustia de pez recién pescado.
Este hedor adhesivo y errabundo,
que intoxica la vida
y nos hunde en viscosas pesadillas de lodo.
Este miasma corrupto,
que insufla en nuestros poros
apetencias de pulpo,
deseos de vinchuca,
no surge,
ni ha surgido
de estos conglomerados de sucia hemoglobina,
cal viva,
soda cáustica,
hidrógeno,
pis úrico,
que infectan los colchones,
los techos,
las veredas,
con sus almas cariadas,
con sus gestos leprosos.
Este olor homicida
rastrero,
ineludible,
brota de otras raíces,
arranca de otras fuentes.
A través de años muertos,
de atardeceres rancios,
de sepulcros gaseosos,
de cauces subterráneos,
se ha ido aglutinando con los jugos pestíferos,
los detritus hediondos,
las corrosivas vísceras,
las esquirlas podridas que dejaron el crimen,
la idiotez purulenta,
la iniquidad sin sexo,
el gangrenoso engaño;
hasta surgir al aire,
expandirse en el viento
y tornarse corpóreo;
para abrir las ventanas,
penetrar en los cuartos,
tomarnos del cogote,
empujarnos al asco,
mientras grita su inquina,
su aversión,
su desprecio,
por todo lo que allana la acritud de las horas,
por todo lo que alivia la angustia de los días.


LA MEZCLA

No sólo
el fofo fondo
los ebrios lechos légamos telúricos entre fanales senos
y sus líquenes
no sólo el solicroo
las prefugas
lo impar ido
el ahonde
el tacto incauto solo
los acordes abismos de los órganos sacros del orgasmo
el gusto al riesgo en brote
al rito negro al alba con su esperezo lleno de gorriones
ni tampoco el regosto
los suspiritos sólo
ni el fortuito dial sino
o los autosondeos en pleno plexo trópico
ni las exellas menos ni el endédalo
sino la viva mezcla
la total mezcla plena
la pura impura mezcla que me merme los machimbres el almamasa tensa las tercas hembras tuercas
la mezcla

la mezcla con que adherí mis puentes


De En la masmédula.

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