jueves, 17 de abril de 2014

SOBRE "LOUNGE ACT" DE NIRVANA



SOBRE "LOUNGE ACT" DE NIRVANA
por Osman Hinostrosa (1982-2014)
A Guillermo Ruiz y Daniel Ocampo
La envidia no encuentra respuesta a estas preguntas. Sin embargo, y por fortuna, existe en la condición humana una pasión que compensa esto: la admiración.
Bertrand Russell
It’s a fragile thing, this life we lead,
If I think too much, I can’t get over[1].
Pearl Jam, “Sirens”
Hace unos días me llamó un amigo para contarme que el Osman Hinostrosa (José Osman Hinostrosa Olivares, 1982-2014) había muerto. El fin de semana, pasamos por casa de la madre. Queríamos darle nuestro más sentido pésame. Al final de la visita habíamos decidido publicar ciertos escritos del Osman. Era uno de esos ensayistas secretos, que uno conoce más por la charla brillante que por la obra. Sin embargo, todos los miembros de nuestro grupo –todos nos conocimos durante el primer año de Literatura en la UMSA–, que lo habíamos leído, pensábamos que debía publicar y se lo dijimos más de una vez. Él prefería no hacerlo, convencido de que no debía publicar antes de los 35. Yo sé que, en el fondo, lo deseaba. Los fragmentos que publicamos a continuación –ensayos en su mayoría sobre el grunge y el “rock alternativo”–, constituyen un tributo tanto para nuestro querido amigo Osman –que en paz descanse–, como para las bandas que nutren estas reflexiones. No encontramos mejor ocasión de iniciar la publicación de estas notas que el vigésimo aniversario de la muerte de Kurt Cobain (1967-1994), emblema de la música de nuestra generación, aunque uno de los nuestros ya no esté.
***


Everyone’s the same, and so are you, in Olympia.
We look the same, we talk the same, we even fuck the same[2].
Hole, “Rock star”
Mis dos canciones favoritas del Nevermind son “Drain you” y “Lounge act”. No sé exactamente por qué, aunque la razón quizás radique en la problemática relación que tuve con este álbum. Cuando éramos jóvenes, quizás tuviéramos once o doce años, Nirvana se había hecho tan famoso como las pipocas y sonaba en todas las radios que pasaban la música pop que nos llegaba del norte. Si la fiebre había comenzado en los Estados Unidos allá por el ’91, a nosotros nos llegaría tan solo por el ’92 o ’93. A medida que la moda o el gusto de ese tipo de música se iba haciendo cada vez más masivo, nosotros también nos hacíamos más y más adolescentes y sería desde esa adolescencia desde donde viviríamos los efectos de toda la expresión de la ira adolescente de ese álbum.
La adolescencia, habrá que decirlo en este punto, es también la época del “hipermimetismo”. Esto es, la época en la que un individuo deja de fijar su comportamiento en función de la imitación del comportamiento de las personas que viven con él. El mimetismo comienza a concentrarse en el exterior de la familia y a buscar modelos entre amigos de colegio, amigos del barrio o profesores; entre primos mayores o hijos de los amigos de los padres. El círculo cerrado y pacífico del mimetismo sano que reinaba en la familia se abre de pronto a la tentación satánica de una imitación que se dice de nuestros iguales: nuestros dioses inalcanzables dejan de ser adultos y se convierten en jóvenes de nuestra edad o apenas unos años mayores, pero nunca tan viejos como nuestros padres o abuelos. Este momento es el de la posible indiferenciación: si bien nuestros modelos externos y lejanos (como Kurt Cobain) jamás hubieran entrado a nuestro mundo de amigos, dentro de ese mundo existían también idolatrías que tendían a generar discordias que durarían hasta hoy.
Es en ese contexto en que Nevermind aparece en nuestras vidas, o mejor, en la mía. Si antes comprábamos nuestra música en cassettes o simplemente grabábamos los éxitos que nos gustaban de la radio, ahora, comenzábamos a comprar cds y, sabiendo lo caros que eran, debíamos escogerlos muy bien. Casi todos teníamos nuestros cassettes de Nirvana, sin embargo, algunos ya habían comenzado a comprar esos mismos álbums en cd. Yo fui uno de ellos. Empero, si bien seguía disfrutando del álbum a pesar de haberlo escuchado miles de veces, ahora sentía que algo andaba mal. ¿A qué se debía ese curioso sentimiento?
Sencillo. Un amigo, el que había comenzado entre nosotros la “ola” nirvanera, se había alejado de mí y, de hecho, habíamos comenzado a desarrollar cierta enemistad (al menos, yo lo viví así). Ese rechazo se debía principalmente a una especie de celos homosociales: mi amigo había comenzado a salir con nuevos amigos e incluso había formado una banda con ellos. Yo no podía ser como él, porque ahora lo odiaba: mi imitación debía ser encubierta y disimulada bajo el modo de la diferencia más superficial. Comencé a buscar una banda que me gustara tanto o más que Nirvana y con la que podría desarrollar el mismo gusto que mi amigo por su grupo favorito; de igual forma, comencé a buscar nuevos amigos y a demostrarles tanta o más amistad de la que creía que mi  amigo le proporcionaba a los suyos.
No volvería a escuchar con atención y sin resentimiento el Nevermind sino hasta bien entrada mi veintena y recién entonces sería capaz de entender lo que significaban ese álbum y las dos canciones que más me gustaban.
Si cuento estas cursilerías de carácter íntimo e indiscreto hasta lo vulgar no es por vanagloriarme de una juventud privilegiada sino porque pienso que mi experiencia es la de muchos, si no la de todos, los jóvenes de mi generación. Ésa es sin duda la riqueza de la teoría mimética: nos pone ante la evidencia, nada halagadora, de que todos somos iguales. En ese sentido, si mi estúpida experiencia adolescente era la misma que la de todos (dentro de cierta clase social y cierta cultura), seguramente habría sido similar a la de Kurt y a la de otros artistas de las bandas grunge y alternativas que tanto me gustan. Esa igualdad mimética es la que me interesaba recoger aquí, sobre todo porque esa era la experiencia que me imaginaba que la filosofía me proporcionaría cuando la imaginaba como lo máximo, primero por imitación de un profesor y luego por imitación de los grandes filósofos de la historia. Esa experiencia consistía en el reconocimiento racional de las cosas que ocurrían en la vida; una suerte de sistematización absoluta de una experiencia vital.
En fin, todo este rodeo para analizar mi canción favorita del Nevermind: “Lounge act”. Precisamente, si esta canción se hizo mi favorita tras escuchar el disco sin resentimientos fue por la letra. Daría la impresión de que Kurt, influido por el romanticismo propio de quien en su adolescencia es educado en el seno del aura del artista, quiere ser totalmente honesto en sus canciones; parecería que desea anunciar verdades tan humanamente dolorosas y horribles (al modo del Humano, demasiado humano de Nietzsche) que de solo imaginar una consciencia que supiera eso, uno no podría evitar ver un horizonte de suicidio. Ese cinismo desenfadado propio del rock de los noventa, se basa precisamente en esa hermosa ilusión romántica: el artista está en contacto con su alma como nadie; por lo tanto, el artista es el más sincero de todos consigo mismo y con los demás; por lo tanto, el artista enuncia la verdad sobre la sociedad que lo expulsa y rechaza.
Toda esta psicología compete a nuestro análisis pues nos permite imaginar cómo es que personas como Cobain, entre muchas otras, conciben el arte: como la manifestación más directa de la verdad humana absoluta, la verdad antropológica, si se quiere. Es esa misma psicología, justamente, la que habría hecho que Kurt se mudara a Olympia para buscarse la vida dentro de la movida punk que había en la región. Es en ese medio donde lo encontramos en lo que nos concierne aquí: inmerso en un romanticismo que había sido consagrado por la inteligencia organizativa y estratégica de un líder nato como Calvin Johnson. Propietario de la discográfica independiente K records, Johnson habría ejercido como modelo de actitud y comportamiento para todos esos jóvenes que llegaban a la ciudad a vivir solo y exclusivamente de su arte; arte que consideraban tan auténtico como el arte que a ellos les gustaba. Ese modelo mimético que era Calvin Johnson (aunque sin duda no era el único e incluso a lo mejor su actitud era una reacción imitativa ante la rebeldía de mujeres como Kathleen Hanna o Tobi Vail de Bikini Kill) no tardaría, sin duda, en transformarse en rival. 
No necesitamos imaginarnos en detalle las relaciones que se pudieron establecer entre Kurt y Calvin si disponemos de los datos anteriores. Basta con aplicar un poco de psicología mimética para encontrarnos con una interpretación de “Lounge act” que nos conmueve por su verdad potencial.


***
Truth covered in security
I can’t let you smother me
Like to but it couldn’t work
Trading off and taking turns
Don’t regret a thing[3]
Hay que pesar cada palabra elegida por Kurt: se trata de una verdad oculta, encubierta con seguridad, como en una caja fuerte. Es una verdad que hay que ocultar, una verdad que da vergüenza y que solo sale a la luz en una de las canciones que el mismo Kurt reputaba como una de sus favoritas (aunque, supuestamente, no la tocara nunca si Courtney Love estaba presente).
La razón por la que supuestamente no la tocaba en presencia de Love era porque estaba dedicada a su exnovia Tobi Vail. De ahí que la verdad sea todavía más dolorosa y humillante: gira en torno a esa cosa tan vergonzosa y repugnante, el amor; aquello que genera la familia nuclear en contra de la cual estaban las feministas de Bikini kill (grupo al que pertenecía Vail) y que no es sino uno de los muchos signos del conformismo burgués y comercial que el punk en general cuestiona. Se trata de la verdad terrible de saber que, a pesar del mucho daño y dolor que le cause, él solo buscará asegurarse de que la mujer a la que ama, todavía huela al hombre por el que siente celos y admiración. Hará lo posible para asegurarse de que ella siga oliendo a él, de otro modo el deseo que siente por ella morirá. Pero, si todo parece tan claro, ¿quién es ese misterioso hombre?
And I got this friend you see
Who makes me feel,
And I wanted more than I could steal,
I’ll arrest myself, I’ll wear a shield,
I’ll go out of my ways to prove I still
Smell her on you[4].
Que el amigo o amiga a quien se refiere sea un hombre rival por el amor de Tobi Vail o sea ella misma, no cambia nada. En ambos casos, el coro está dirigido contra la ira que genera ese obstáculo, contra cierto odio impotente y resentido ante quien modela nuestro deseo (el amigo que también desea a Tobi) o bien ante la misma Tobi como instancia de la mujer coqueta (que por ser tan inalcanzable e indescifrable nos pone en falta y hace que la tengamos por modelo y objeto de nuestro deseo). El mismo coro admite que lo que este amigo o amiga produce es un incremento del deseo: hace desear más, con más intensidad.
Ahora, hay una última alternativa y es que el amigo sea también otra amiga, otra mujer, una mujer tercera que tiene relaciones lésbicas o hace que Kurt piense que Tobi tiene relaciones lésbicas. Obviamente, esa amiga, entre muchas otras, podría ser la mismísima Kathleen Hanna, quien indirectamente le puso título a la canción más conocida del álbum y del grunge en general (Smells like teen spirit). Para un grupo de chicas cuyas letras decían cosas como: “Rebel girl, rebel girl, / rebel girl, you are the queen of my world”, el lesbianismo y la bisexualidad no debieron de ser cosas del otro mundo ni mucho menos. Sin duda Cobain estaba al tanto de todo esto y eso exacerbaba sus celos. Uno estaría tentado de creerle a Proust aquí y de suponer que el imaginario de una relación homosexual por parte de la persona que amamos genera tanto o más dolor que una relación heterosexual. Proust nunca me convenció de eso. Pero esta hipótesis no cuestiona la nuestra sino la confirma. Mientras más uno se imagina que la persona a la que ama goza con el otro, con el rival, más tiende a pensar que la culpable es ella; en caso de comprobar esto, la ira se conjugaría en contra de ella y uno se regocijaría en lastimarla en una alianza con su viejo rival. Hay alianza porque probablemente ambos piensan que es una puta y en esa coincidencia violenta la pueden castigar juntos. A más posibilidades de celos, más posibilidades de terminar en la culminación de esa obsesión mimética: la alianza con el rival en función de la humillación de la amada. Porque no debemos olvidar que, si es el modelo/rival el que manda nuestros deseos, nuestra fijación en él esconde nuestro amor por él.



***
Todos hemos estado en esa situación de ser el segundo o el cuerno o, si se quiere, el amante. Todos hemos debido rivalizar con otros por el amor de las mujeres que hemos tenido (y esto lo generalizo con mujeres pero estoy seguro de que también ocurre en términos homosexuales). Incluso si ese rival es meramente imaginario o ya es parte de un pasado al que no se puede regresar (como en el caso de Susana San Juan para Pedro Páramo), nunca deja de ser una amenaza, una fuente de celos. Lo que propone la teoría mimética es que, precisamente, ese obstáculo es lo que produce el deseo: si no imagináramos que hay un rival, alguien que comparte nuestro deseo por una mujer y que pone una barrera entre ella y nosotros, jamás podríamos haber deseado en un primer lugar. El deseo se educa de tal modo, según Girard, que termina creyendo que el obstáculo es una condición constitutiva del objeto deseado porque cae en la ilusión de creer que el obstáculo (como dificultad) certifica el hecho de que el objeto vale la pena. A diferencia de algunos videojuegos, la dificultad y los obstáculos que vienen antes del final (la consecución del objeto deseado) suelen equivaler a la grandeza de la recompensa una vez que los sobrepasamos. Si hay miles de hombres que rivalizan conmigo en su deseo por una sola y única mujer, debe ser porque esa mujer realmente vale la pena.  
Seguramente no me engaño al decir que todos hemos deseado alguna vez a una mujer medio rara, no la típica niña bonita y buena, la modelito que se muestra como sus papás la quieren. El deseo mismo de lo diferente, de la joven demasiado inteligente como para caer en las estupideces a las que el machismo somete a las mujeres, obedece a un deseo de violencia que es producto de la obstaculización del deseo. Tobi Vail, en su rebeldía punk y en su desdén femenino, era un obstáculo para sí misma. No en vano estaba en una banda que se llamaba Bikini kill y era parte de las Riot grrrrls. Esa independencia y aparente autonomía[5] femeninas son el obstáculo supremo para quienes, como Kurt, están dispuestos a aceptar relaciones “abiertas”: uno como hombre no puede esperar poseer a una mujer como se hacía antes (no tan antes como en las supuestas sociedades matriarcales, claro). Uno podría demostrar su hombría y su homofobia afirmando que esa es una de las razones por las que es más fácil ser homosexual hoy (además del hecho de que el pecado nefando ya no sea tan nefando). Una mujer que obstaculiza todo pasa de ser histérica a histérica compulsiva: complace al gran Otro en la medida en que no complace a nadie, ni a ella misma. Esa coquetería consiste en ser libre, en no tener obligación alguna con la persona con quien se acaba de tener sexo. Es producto de la fascinación por el otro, con quien se desea crear lazos. Si Tobi Vail despreciaba a Kurt era porque había estado antes con el dios Calvin Johnson (o con la diosa Kathleen Hanna, por mucho o poco que haga esa diferencia) y que de él había aprendido ese encomiable hábito de las relaciones “libres” (pues Calvin Johnson seguramente no daba un sorete por ella). La relación libre es usualmente solo libre de un lado de la relación; amor de lejos, nunca son felices los cuatro, sino los tres; solo uno de los lados está comprometido con el otro.
La cuestión a esta altura es preguntarse qué le importaba a Kurt esa ruptura de lazos de obligación tradicional: esos eran hábitos de los burgueses riquillos que escuchaban glam o Whitney Houston. Kurt podía ser tan progre como para aceptar una relación libre con una mujer inteligente, segura de sí misma, independiente, autónoma como Tobi. Por más que a Kurt le partiera el alma tener una relación abierta con Tobi (aunque él también dispusiese de una novia fija a la que ya no soportaba y con quien terminaría rompiendo) significaba tenerla, poseerla, temporalmente, pero no dejar de envidiarle a alguien más esa posibilidad de posesión. El único poseedor aquí es Calvin; la envidia se dice del rival aunque ya no nos oponga ningún obstáculo, él fue y es el verdadero y único poseedor. La posesión no se puede luchar si no es a través de un odio resentido que no significa sino una cosa: el odio impotente nos somete a nuestro rival; Kurt se tatúa una K de K records -no de Kurt-, la compañía de discos de Calvin, la que había unido a esa tropita de jóvenes que solo sabían hacer música y la querían hacer de forma más oficial. Sin ser unos vendidos, claro. Esa filosofía la tiene hasta el día de hoy Calvin Johnson y se la puede ver en las entrevistas suyas que hay en Youtube. Kurt llevaba un tatuaje en el brazo como si fuera el escudo de Superman, y este con la inicial de la compañía de su rival. Lo que Kurt debe probar cada día no es que Tobi se acuesta con Calvin para acusarlo a él de traición; sino que Kurt debe asegurarse de saber, de estar al tanto del hecho de que Calvin se coge a Tobi para que él pueda desearla y así estar celoso. El obstáculo, de pronto, no solo da origen, sino que sostiene el deseo, como el Ser de Heidegger, a condición de permanecer oculto, del mismo modo que la verdad sacrificial o el mecanismo de chivo expiatorio deben permanecer ocultos para funcionar según Girard. Para que desee a Tobi, Kurt no debe admitirse a sí mismo que sabe que solo la desea porque su ídolo Calvin la desea.
We've made a pact to learn from who
And ever we want without new rules
We'll share what's lost and what we grew
They'll go out of their way
To prove they still
Smell her on you[6]
Calvin es un buen amigo, tanto, que no se molesta de que nos cojamos a su exnovia. Él tiene muchas más. Eso no impide que se pueda hacer un pacto con él; el pacto último (en el sentido del ultimate gringo) entre rivales para deshacerse de su rivalidad: compartir el objeto deseado, pero al precio de compartirlo con todos (este pacto no solo es homosocial, o sobre todo, no lo es en primera instancia: la canción parece indicar que el pacto y acuerdo se hizo más con Tobi que con Calvin, pero por la situación, parecería más que la aceptación del final de la canción se dirige a finalmente poder cantar victoria sobre los celos con los que tanto dice pelear en la segunda estrofa del verse). Tobi, como la mayoría de las mujeres, ha tenido sexo con muchos, muchísimos. Es ella la culpable; ella es una zorra. La comunión de resentidos que poseyeron a Tobi solo para verla entregada al líder, piensa que ella es una zorra porque solo se la desea en función del hecho de que el ídolo la desea también. Pero entre ellos saben unánimemente que todos son iguales (han pasado por ese mismo sentimiento de derrota: la mujer no es una posesión del hombre). Compartirla sin matarla será el pacto que podrá hacer Kurt, por amor. Por puro amor.
Según la lectura que Girard hace de Othello, Desdemona es asesinada por eso mismo (si no es que la mata la pena de saber a su padre muerto). Si el moro de Venecia decide matarla es porque de sus celos ha pasado a la certeza de que todos la han poseído. He aquí el pasaje, tal y como lo explica Girard:
« La fascination qu’éprouvent les deux héros pour le prétendu dévergondage de leur épouse ou de leur promise [es otra similitud entre Mucho ruido y pocas nueces y Othello]. Les accusations les plus calomnieuses ne détruisent pas leur désir, mais elles en modifient la nature. Dans l’une et l’autre pièce, le héros est mimétiquement excité a la pensé de tous ces hommes avec qui la bien-aimée a peut-être fait l’amour. Il brule de se joindre à cette foule imaginaire[7].» (en Los fuegos de la envidia

                       
                         OSMAN HINOSTROSA



[1] “Es una cosa frágil esta vida que llevamos, / si lo pienso demasiado, no puedo sobreponerme”. Todas las versiones de aquí en adelante pertenecen a los editores. Insistimos en el hecho de que se traten de versionas más que de traducciones.
[2] “Todos son(mos) iguales, y tú también, en Olympia / Nos vemos similares, hablamos de la misma forma e incluso cogemos de la misma forma”. La canción de Hole iba a llamarse originalmente “Olympia” y por error terminó llamándose “Rock star”. Las letras parecen ser una crítica al espíritu revolucionario de las Riot grrrls y a su supuesta autenticidad “autónoma” y rebelde. (N. de E.)
[3] “Verdad encubierta con seguridad / no puedo dejarte asfixiarme / Me gustaría pero no funcionaría / Intercambiándonos y turnándonos / No me arrepiento de nada”.
[4] “Y tengo este amigo, verás, / Que me hace sentir / Y yo deseaba más de lo que podía robar / me arrestaré y llevaré un escudo / haré todo lo que pueda para probar que todavía / huelo a ella en ti”.
[5] La ‘autonomía’ que subraya tanto Osman remite, creemos, al uso que de la palabra hace René Girard en Mentira romántica y verdad novelesca: la ilusión que produce la certeza que tenemos del hecho de que el modelo de nuestro deseo posee un plus que nosotros no (y que hace que su deseo sí sea original a diferencia del nuestro).   
[6] “Hicimos el pacto de aprender de quien / y cuandoquiera queramos sin nuevas reglas / compartiremos lo que se perdió y lo que creció entre nosotros / Ellos harán todo lo que puedan / para probar que ellos todavía / huelen a ella en ti”.
[7] “La fascinación que experimentan los dos héroes por el supuesto desvirginamiento de su esposa o de su prometida [es otra similitud entre Mucho ruido y pocas nueces y Othello]. Las acusaciones más calumniadoras no destruyen su deseo, pero modifican su naturaleza. En una como en la otra pieza, el héroe está miméticamente excitado por la idea de todos esos hombres con los que la amada ha podido haber hecho el amor. Arde por unirse a esa muchedumbre imaginaria”.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

menudo culebrón te armaste. o sea que Cobain era un masoquista, vamos. podrías haberlo resumido a 3 renglones, chaval.

Tomas Orellana dijo...

Mansa historia tejiste alrededor de la inspiración que significó Vail para Cobain. COincido en varios puntos. El "smell her on you", probablemente sea dedicado a Johnson. Yo lo sentía de manera más simple, ya que Cobain estaba profundamente enamorado, y eso se notaba, y los que estuvieron alrededor de él en ese momento, así lo definen. Courtney Love una vez se refirió al tema diciendo que Cobain sentía "un amor suicida" por esa mujer, y que lo lamentable fue que le tocó (a Cobain) relacionarse con una mujer a quien nunca iba a impresionar. Por más que se tatuara "K" en el brazo, y por más que se mandara largas peroratas de feminismo, ética punk y anti corporativismo.

Cobain buscaba una especie de amor incondicional, compartir ese amor, y que fuese más allá de una amistad con beneficios. Por eso en un libro acerca de él, se le describe como a alguien se sentía intimidado ante las feministas (siendo él un feminista) y se da a entender que cierta frialdad, y no aceptar una relación de forma tradicional, con todos los gestos que ello implica, le afectaban hondamente. Y Cobain, se enamoró perdidamente de alguien así. Y esto no significa culpar a Vail por ser como era, simplemente, él tuvo mala suerte en no ser correspondido de la forma que él deseaba. Y es triste.

Por eso cuando apareció Love en su vida, más allá de las tonterías que se digan de ella, venía entregada a darle ese amor que el ansiaba, y sobre todo de alguien que hacía música como él. Lo lamentable fue que Love era yonki, y el amor (esta vez) le tocó con drogas duras incluidas, más razón para que él, se anclara más, ya que de hacía un tiempo que había tenido sus primeras experiencias con la heroína. El resto es historia.

"Drain You" y "Lounge Act" son tremendas canciones.

Ezzy xk dijo...

Simplemente diría que no buscaban lo mismo el uno del otro; Vail no estaba enamorada como Kurt de ella, y solo buscaba un amigo con quien tener sexo, Kurt se enamoró de alguien que no se casaba con ningún colectivo y bajaba en cada parada, y Kurt con tal de estar con ella lo toleraba. Es triste porque, uno buscaba sexo y el otro una compañía romántica(lo que encontró en Courtney). Sinceramente creo que ninguna de ellas dos fueron muy recomendables para Kurt, o Kurt muy adecuado para ellas... Para mi debería haber estado por más tiempo con tracy marander, pero bueno, desde el otro lado de la valla es bastante díficil opinar sin demasiados datos...